lunes, 14 de febrero de 2011

VALORES Y ACTITUDES EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

VALORES Y ACTITUDES  EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

PERÚ
Hugo Javier Amorós Terrones
Magíster Universitario
I.E.E. “Antonio Guillermo Urrelo”

   INTRODUCCIÓN
       En este artículo,  la intención es de internalizar estos valores y actitudes en el aula desde el paradigma Socio-cognitivo humanista. Para ello necesitamos clarificar en profundidad los términos actitud y valor desde la perspectiva psicopedagógica.
Es importante que a nivel Institucional elaboremos nuestro panel de valores y actitudes de una forma cooperativa, creativa  y constructiva. (Comunidad  Profesional de Aprendizaje)
Es necesario visualizar los valores y actitudes en las aulas y la forma de planificación de los mismos a partir de los Modelos T de Asignatura y de Unidad de Aprendizaje. (en el área de Educación Religiosa). Asimismo tener en cuenta algunas técnicas cualitativas de evaluación de valores, actitudes, micro actitudes.
El tema de los valores en la educación no es un tema circunstancial o colateral sino que está inscrito en lo medular de la acción educativa. Si se habla de educación, necesariamente se está hablando de inculcar valores.
Hoy en día las Reformas Educativas, proponen, como una de sus innovaciones más radicales, la incorporación explícita de la promoción de valores en la educación, incorporándolos en el currículum a través de los Objetivos transversales.
En esta época de cambios que estamos viviendo, la educación en valores, hoy en día se presenta como algo más urgente, permitiendo dar a estos cambios , un sentido humanista, utilizándolos para el bien del hombre y su felicidad.
El desarrollo de valores y actitudes en el aula es una tarea prioritaria en la sociedad del conocimiento si queremos que ésta sea humanista.
Para trabajar didácticamente los valores en el aula es necesario descomponerlos en actitudes y definirlos con precisión éstas, tanto en la teoría como en la práctica, para posteriormente convertirlas en objetivos por actitudes.
Como dice el Dr. Martiniano Román: El gran problema de la escuela de hoy, no es la confrontación entre los diversos humanismos, sino la invasión neopositivista de la misma por terminologías y conceptos disfrazados, tales como “calidad y competencias”. En el paradigma socio-cognitivo, desde una visión profundamente humanista no hay espacio para los neopositivistas y sus disfraces, pero refuerza y posibilita el desarrollo de los valores en el aula a partir de actitudes.
      LOS VALORES COMO OBJETIVOS:
En el presente artículo, no pretendo analizar los valores desde una perspectiva  filosófica, axiológica, antropológica o teológica, sino desde una dimensión cultural y sobre todo psicopedagógica, facilitando instrumentos prácticos para el desarrollo y evaluación de los valores desde las aulas e instituciones. Como decía el Dr. Martiniano Román Pérez, los valores son como el ADN o el genoma de una Institución Educativa (junto con sus creencias y su presunciones básicas).
Para ello vamos a llevar a cabo dos breves análisis de los valores en el siglo XXI, uno desde la perspectiva psicológica y otro desde la perspectiva cultural (institucional)
a.  Perspectiva Psicológica
La Educación no puede quedarse sólo en la dimensión filosófica de los valores (como ha hecho frecuentemente), ya que no resuelve el problema de cómo desarrollar los valores en el aula y menos aún cómo evaluarlos. Por ello necesitamos apoyarnos de la psicología, que entiende los valores como un conjunto de actitudes, y ello facilita metodológicamente el desarrollo de los mismos.
El siglo XX resulta traumático para los valores en la escuela porque se opta por un modelo positivista y conductista de planificación, basado en lo observable, medible y cuantificable. Y en estas planificaciones los valores quedan fuera de las mismas por que no son científicos y se reducen de hecho a extracurriculares (por ejemplo: sesiones de tutoría, actividades extraescolares, unidades didácticas transversales etc.) o se reenvían al currículum oculto.
No obstante a este contexto surge un constructo teórico que es el de actitud, que leído posteriormente, desde el paradigma socio-cognitivo, nos da un buen terreno para el desarrollo y evaluación de valores en el aula.
Soy conciente que en la práctica, nuestras instituciones educativas, en el Proyecto Educativo Institucional son humanistas y en la vida planificada de las aulas son positivistas. Se ha reflexionado sobre el qué (sentido de los valores) pero no han resuelto el cómo de los valores y la metodología didáctica adecuada para ello. Por lo tanto el concepto de ACTITUD, es imprescindible en nuestra tarea educativa.
Sabemos muy bien que la dimensión filosófica de los valores es importante como reflexión teórica, pero desde el punto de vista práctico debemos recurrir a la psicología para el desarrollo de los mismos. Filosofía y psicología han de ser complementarias en este tema de los valores.
A finales del siglo XX, con el surgir de un nuevo paradigma de corte socio-cognitivo, los valores adquieren una nueva y fundamental dimensión. Los nuevos Diseños Curriculares de Aula posibilitan que los valores se incorporen con toda su fuerza y vitalidad a las planificaciones de aula y de este modo renace en las aulas un nuevo humanismo teórico-práctico de planificación y evaluación.
b. Perspectiva cultural-institucional
El Proyecto Educativo Institucional puede considerarse como el marco de la cultura institucional u organizacional propia contextualizada.
Esta posee los mismos elementos básicos que el currículum y la cultura social: capacidades-destrezas como herramientas productoras de la cultura propia; valores-actitudes como tonalidades afectivas de la propia cultura; contenidos o conocimientos como formas de saber que ha generado una institución y métodos-procedimientos como formas de hacer de dicha institución u organización. Y todo ello desde una perspectiva histórica y actual contextualizadas. Esta cultura propia necesita un espacio curricular en los programas educativos, entendidos como formas de socialización y enculturación.
En el contexto de la sociedad del conocimiento, la escuela es, por una lado, transmisora crítica de la cultura (da respuestas: mira el pasado) y también creadora de cultura (enseña a hacerse preguntas: mira al futuro). Recordemos que en la sociedad actual no sólo nos han cambiado las respuestas, sino también las preguntas y ello nos obliga a nuevas vías de búsqueda.
La cultura institucional de una organización educativa implica una cooperación humana consciente, deliberada y orientada a la consecución de un fin. Ello supone compartir valores, creencias, principios, presunciones básicas, ceremonias, símbolos, héroes, mitos, historias, normas, redes culturales y materiales producidos por la organización.
Todo esto constituye una filosofía humanista y personalista que forma parte del Proyecto Educativo Institucional (PEI) donde debe recogerse la identidad cultural de una institución. Posteriormente, dicha institución genera formas de transmitir dicha cultura a niños y jóvenes, adaptadas a un contexto, y las convierte en Proyectos innovadores ( Por Ejemplo: Proyecto Plan Lector; Proyecto de Convivencia; Proyecto de Fortalecimiento de Valores; Proyecto Educativo Individual etc) De este modo, la cultura institucional genera un clima organizacional, un estilo educativo propio y unas formas de hacer.
Muchas veces nosotros los Maestros estamos en permanente tentación de copiar y reproducir la cultura oficial administrativa,  tal como aparece en los programas oficiales. De esta manera se pierde la identidad cultural por parte de una institución al no saber aprovechar de una manera adecuada la libertad de cátedra institucional, que se concreta en libertad de programas y de horarios. Como dice el Dr. Martiniano muchas instituciones escolares son de hecho mera fotocopia de la cultura oficial o de la cultura global al carecer de identidad.
La cultura institucional ha de ser ante todo una filosofía compartida proyectada a la práctica desde una perspectiva pedagógica y organizativa. Ello da solidez a una organización y a la vez coherencia interna, favoreciendo un clima institucional aceptable para el desarrollo adecuado de valores, actitudes, creencias, normas, redes culturales y productos educacionales.
         SENTIDO Y DESARROLLO DE LOS VALORES
a . Los valores no son contenidos, sino objetivos
Los valores y las actitudes, incluso en los modelos conductistas más duros de los años setenta, siempre se han considerado objetivos, y para identificarlos se construyeron las taxonomías afectivas de dicha época (Krathwolh y Bloom).
También en la Escuela Tradicional y en la Escuela Activa los valores se han entendido siempre como objetivos. En la Reforma Educativa Española (siguiendo a Reigeluth y Coll), en los noventa, se considera que los valores son contenidos por aprender y se habla de tres tipos: contenidos conceptuales, contenidos procedimentales y contenidos actitudinales. De esta manera estamos asistiendo a una terrible confusión donde el valor y la actitud ya no son objetivos sino contenido. (¿Habrá una raíz cuadrada solidaria?)
En la actualidad existe un fuerte consenso internacional social y profesional, para introducir los valores en el Currículum Base Oficial. (Diseño Curricular de Centro; Diseño Curricular de Aula).
Por nuestra parte, afirmamos que los valores y actitudes en el marco de una muy amplia tradición educativa son objetivos fundamentales (generales…) o expectativas de logro de tipo afectivo, mas no contenidos. Conviene recordar que un valor, es entendido como  un conjunto de actitudes, y que posee un componente fundamental de tipo afectivo.
b. Capacidades y valores como objetivos verticales y transversales
El discurso oficialista de la mayor parte de los países (España, Argentina, Perú, Chile…) considera los valores como objetivos transversales y a las capacidades como objetivos verticales ( sin explicar por qué). Y esto no tiene sentido, ya que el razonamiento lógico (capacidad) y la solidaridad (valor) “verticalizan” y “horizontalizan” (atraviesan) todos los aprendizajes. Más aún capacidades y valores no tienen edad ni asignatura, sino que son comunes a todas las edades y asignaturas.
c. Componentes fundamentales de los valores
Es necesario considerar que en el valor se dan al menos tres componentes básicos (De Gregorio 1995):
·         El componente cognitivo: Es evidente la existencia de modelos conceptuales distintos para explicar y percibir el bien como algo valioso y, también, que en el sujeto debe hacer un conocimiento, lo más acabado posible, del valor para posteriormente aprehenderlo.
·         El componente afectivo: La estimación y el deseo de hacer propio un valor no necesariamente viene dados por el mero conocimiento. Es necesario el aprecio (afectividad) del mismo, el sentirlo como algo querido para satisfacer alguna necesidad o motivación, desde el individuo o desde la sociedad.
·         El componente comportamental: Las conductas realizadas para lograr o expresar un valor son parte importante, pues permiten articular lo que son las normas, actitudes y los valores propiamente tales.
Estos componentes van interrelacionados unos con otros, por algo se dice nadie ama aquello que no se conoce ni lo vive. Aquí radica una de las dificultades de la educación en valores. Por ejemplo cuando queremos inculcar la responsabilidad y les explicamos a los jóvenes este valor y lo necesario que es para su desarrollo personal, si no llegan a vivirlo en alguna acción concreta es difícil decir que lo conocen bien, que lo aprecian y que lo han incorporado a su personalidad.
Asimismo podemos decir que los componentes fundamentales de los valores son los mismos que los de las actitudes (cognitivos, afectivos y prácticos o comportamentales) Sin olvidarnos que el componente fundamental de un valor es afectivo.
d. Los valores, en el marco del currículum, se desarrollan por métodos o formas de hacer.
Para ello tendremos que tener en cuenta algunos aspectos:
·         Los valores se desarrollan por algunos contenidos
Es evidente que algunos contenidos (no todos) desarrollan valores y actitudes, sobre todo aquellos relacionados con la Educación Religiosa, Ciencias Sociales, Filosofía, Ética etc. Desde esta perspectiva, está claro que las Matemáticas o la Física, lo tienen más complicado para desarrollar valores, puesto que no existen “números o átomos solidarios” (peor si la metodología es individualista, competitiva e insolidaria). Por lo tanto el desarrollo de valores desde los contenidos puede ayudar pero no es suficiente.
·         Los valores se desarrollan por normas
Las normas pueden ayudar al desarrollo de valores, pero sólo cuando se interiorizan. Cuando las normas se imponen pueden generar el efecto contrario, en forma de antivalores.
En la adolescencia y juventud es más complejo y se tarda más en crear valores, pero cuando éstos se crean suelen ser más duraderos, ya que poseen más consistencia cognitiva y afectiva. En esta etapa, sobre todo, las normas pueden ser “un arma de doble filo”: pueden ayudar a crear valores cuando éstas se participan e interiorizan, pero cuando se imponen (sin más ) suelen facilitar el desarrollo de antivalores.
·         Los valores se desarrollan por medio del clima institucional
Las organizaciones educativas tienen una cultura propia (implícita o explícita, tácita o expresa) que les da coherencia y esta cultura genera un clima institucional. De esta modo, la institución facilita o no el desarrollo de determinados valores. En este clima se potencia un estilo de persona o de ciudadano.
Es evidente que la cultura y el clima institucional poseen tonalidades afectivas y estilos valorativos y constituyen el ADN o el genoma para el desarrollo de valores y actitudes.
Por lo tanto afirmamos que la cultura y el clima son dos caras de una misma moneda: la cultura posee elementos más congnitivos y el clima, más afectivos, pero en ambos casos han de estar presente los valores.
Un buen clima desarrolla mucho mejor los valores que un clima inadecuado: el clima no se ve, más bien se “huele” y se siente, lo mismo que los valores desarrolla un determinado clima.
·         Los valores se desarrollan por medio del ejemplo o el modelado de persona e instituciones concretas.
Es evidente que tanto los niños como los adolescentes y los jóvenes desarrollan conductas imitativas a partir de ejemplos concretos. De este modo el ejemplo de un profesor determinado modela conductas en los estudiantes, o al menos en algunos de ellos. Este aspecto así como los anteriores son importantes pero no suficientes.
·         Los valores como tonalidad afectiva de la metodología
Pero, sobre todo, los valores se desarrollan por la tonalidad afectiva de la metodología o por formas de hacer en las aulas. Son los métodos/procedimientos los que generan, de hecho, un estilo valorativo o actitudinal en las aulas. Una metodología cooperativa, tolerante, respetuosa, responsable,…desarrolla con claridad la solidaridad, la tolerancia, el respeto y la responsabilidad.
De esta manera son los métodos como formas de hacer los que desarrollan, especialmente los valores y las actitudes ( y también las capacidades y las destrezas). Y ello con cualquier contenido.
En este contexto donde los contenidos y sobre todo los métodos-procedimientos desarrollan valores y actitudes (y también capacidades y destrezas), actuando como medios para desarrollar procesos cognitivos y procesos afectivos. Y esto se denomina actividades como estrategias de aprendizaje orientadas al desarrollo de capacidades y valores por medio de contenido (formas de saber) y sobre todo por métodos (formas de hacer).

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